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¿El peor desastre?
Por: Magalí Rey Rosa magalireyrosa@saviaguate.org Guatemala, 20 de mayo de 2011 Fuente: http://www.prensalibre.com/opinion/peor-desastre_0_484151666.html En la década de 1980, cuando se empezó a tratar de explicar el problema ecológico que desencadenó la civilización humana, la reacción de la gran mayoría de la gente fue de incredulidad, a veces miedo, a veces cólera, a veces fue de ataque. Cólera, de aquellos que se sintieron personalmente acusados cuando se conectaba la destrucción ambiental con actividades específicas, como la extracción maderera, ciertas prácticas agrícolas o industriales, por ejemplo.
Miedo, de aquellos que comprendieron la complejidad del asunto y se percataron que se requiere un cambio radical en la manera como los humanos nos relacionamos con nuestro planeta y dudaron que estuviéramos a tiempo. Incredulidad, de la gran mayoría, demasiado ocupada como para detenerse a pensar. La otra reacción fue el ataque brutal a quienes dimos la voz de alarma. Pero si hace 30 años se hubiera entendido la seriedad de la crisis ecológica, tal vez no se hubiera perdido el equilibrio climático y tanta riqueza natural. Podría hacer una lista muy larga de lo que no se hubiera quemado, destruido, contaminado, extinguido, envenenado… O de los calificativos con que nos etiquetaron a los ecologistas en el transcurso de esas tres décadas. Apocalípticos, antidesarrollistas, ecoterroristas, y mi favorito: “Ecohistéricos”. Porque yo sé de muchos que sí estamos histéricos porque se está destruyendo irresponsablemente tanta belleza, por como se ha deteriorado la naturaleza y roto el equilibrio climático. En la actualidad, “ser verde” está de moda: hay quienes apagan la luz una hora al año y se sienten ecologistas, pero tristemente son todavía muy pocas las personas que entienden la raíz y dimensión del problema ecológico.
Aun con el riesgo de que nos endilguen con otro lindo calificativo, vamos a explorar un tema del que poco se habla en Guatemala y en el que no somos expertos: el nuclear. Debemos informarnos y tratar de entenderlo, porque no hacer nada puede llevarnos al peor desastre. Queremos conocer las posibles implicaciones del accidente nuclear que ocurrió en Japón, ya que muchos científicos, en diferentes partes del mundo, están indignados por la falta de transparencia en la información que se está divulgando. La industria nuclear y sus voceros oficiales aseguran que “todo está bajo control” y dan la versión que más les conviene: no hay por qué preocuparse, los niveles de contaminación son bajos, ta, ta, ta. Pero en esta época es difícil creer en los reportes oficiales que llegan a los medios de comunicación masivos. Ya sea la guerra contra Iraq, el derrame del Golfo de México, los accidentes de la industria minera, las rebeliones en los países árabes o la muerte de Bin Laden, siempre sentimos que nos dan atol con el dedo. ¿Cómo hacemos para saber si nos afecta el accidente de Fukushima? ¿Cómo podemos protegernos? ¿Cómo y dónde se desechan los materiales radioactivos que se usan en nuestro país?
Nosotros no tenemos reactores nucleares, pero hay uranio en Guatemala y concesiones para su exploración. Hay científicos guatemaltecos que conocen del tema y están dispuestos a compartir su conocimiento; y para tratar de despejar estas y otras dudas, estamos organizando una conferencia, el jueves de la semana entrante. Las personas interesadas pueden escribir a savia.guate@gmail.com o llamar al 58016278 para reservar un espacio. El cupo es limitado.
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